1. LIMPIEZA DEL EBRO, RIOS Y RIBERAS DE ARAGON.

 

Los ríos y las riberas de nuestra comunidad autónoma son una parte fundamental en el desarrollo agrícola y en la vertebración del territorio. Son lugares de gran importancia para nuestra biosfera, una gran fuente de recursos para los seres vivos que albergan una gran cantidad de hábitat con una gran biodiversidad. Numerosas poblaciones se desarrollan a su alrededor gracias a ello.

Los distintos ayuntamientos, las comunidades autónomas, el Estado, la Unión Europea y la CHE (Confederación Hidrográfica del Ebro), como organismo de cuenca en el caso de este río, son los responsables de velar por ellos. La limpieza de barrancos, ramblas y ríos corresponde a los organismos de cuenca correspondientes. La limpieza de los ríos a su paso por zonas urbanas no corresponde a la Confederación Hidrográfica, sino al ayuntamiento en cuyo término municipal se encuentra la zona. Estas pueden firmar un convenio con los ayuntamientos para ayudarles económicamente o técnicamente a realizar los trabajos de limpieza. Empresas públicas pueden intervenir en esta tarea de limpieza y prevención de inundaciones.

Los alcaldes de los municipios de las riberas de los ríos llevan años pidiendo la limpieza de los mismos, haciendo caso omiso a sus peticiones. Las inundaciones dejan numerosos daños causados por el agua en sus campos y en las infraestructuras.

Los regantes aragoneses piden más embalses, regular los ríos y la limpieza de los cauces y riberas de estos, dragando cuando sea necesario. Además de evitar los daños por inundaciones, esto ayudaría a los períodos de sequía para disponer de agua en los periodos de escasez y para frenar avenidas cuando llegan las crecidas. Entre las medidas estructurales para reducir el riesgo de que se vuelvan a producir inundaciones destaca la regulación de los ríos, tal y como establece la normativa comunitaria (Directiva 2007/60/CE). La ejecución sostenible de obras de regulación como presas y embalses permitirá aumentar en al menos un 25% la capacidad de las reservas superficiales de agua. Ya se trabaja en este sentidos en otras zonas del país. Destacan la importancia de estas medidas para evitar que se vuelvan a repetir inundaciones como las de 2015 en Zaragoza, donde fue necesario inundar campos de cultivo para evitar males mayores en la ciudad. Si el río tiene cada vez menos calado, provoca que inevitablemente en época de crecida el área inundada sea mayor, produciendo más daños y que estos sean más severos.

Las organizaciones agrarias  han reivindicado medidas que garanticen una mayor previsión ante futuras avenidas del río. Piden construir nuevas infraestructuras como embalses y planes de limpieza en el río para impedir que se produzcan las crecidas de forma habitual. Las pérdidas de este colectivo incluyen al ganado, que pueden ser por fallecimiento en las crecidas o cuando tienen que proceder a su traslado.

Diferentes colectivos, particulares y empresas ayudan de forma esporádica a la limpieza de residuos en las orillas de los ríos de la ciudad y otros puntos de interés.

En los últimos años se han producido varias crecidas relevantes en nuestra comunidad.

– Las intensas lluvias registradas a finales de mayo de 2008, a poco más de una semana de la ceremonia de inauguración de la Expo de Zaragoza, inundaron parte de la exposición.

– A mitad de enero de 2013 hubo otra importante crecida del Ebro en la provincia de Zaragoza, provocada por las intensas precipitaciones caídas al norte de la cuenca. Se anegaron miles de hectáreas de cultivo aunque sin afectar a los núcleos urbanos. Este año se produjeron cinco avenidas en el río Ebro de enero a junio, en una de ellas la crecida arrastró el embarcadero de la Expo hasta el azud.

– Una de la riadas más dañinas fue la de febrero de 2015, cuando las previsiones se quedaron cortas y la crecida del Ebro mantuvo en alerta máxima a miles de vecinos de toda la ribera zaragozana. En algunos municipios se desaló a la población ante el grave riesgo, cerca de 1.500 personas fueron sacadas de sus casas.

– La crecida del Ebro de mediados de abril de 2018 dejó 19.000 hectáreas inundadas,  14.000 de ellas de cultivos, y unos daños por valor de 25 millones de euros.

Otro problema es el de la urbanización en cauces y riberas de los ríos, el levantamiento de casas y otras edificaciones en zonas que, de haber una crecida, son las primeras que van a quedar anegadas. En la misma línea está el desvío de torrentes, una práctica para ganar suelo al agua, y en ambos casos el riesgo aumenta exponencialmente.

Consideramos necesarios los trabajos forestales de desbroce, aclareo y retirada de restos vegetales para evitar la formación de barreras al paso del agua. También se precisan trabajos de dragado local para garantizar la capacidad del cauce, apostar por una llanura de inundación para la protección de los núcleos de población, retranqueos, adecuación o eliminación de determinadas motas, la apertura de cauces de alivio, la creación de zonas de inundación controlada y otras medidas al respecto. La acumulación de materiales supone un peligro sobre las motas de defensa del río, como consecuencia de las crecidas que pueden acumular una cantidad de gravas, haciendo que el caudal del río se desplace y poniendo en peligro las defensas o motarrones en la zona.

 

Proponemos

Mayor supervisión sobre las riberas de los ríos, así como de sobre los pantanos y presas en relación al agua embalsada.

– Más acciones de limpieza de cauces, ríos y riberas para evitar inundaciones.

Mayor control sobre la urbanización cerca de los cauces.